
Cuando galopo a través de los bosques, puedo olerte en cada hoja de árbol que ha caído. Porque ese es tu olor... hueles a floresta... a hojas húmedas bajo la lluvia.
Anoche, pude ver tu cabello al viento, como siempre cuando me visitas en sueños. La luna estaba más enorme que de costumbre, llena como solo ella puede estarlo. La contemplabas mientras las dudas hacían fruncir tu ceño. Podía sentir el frío helado en el rostro... tú estabas de pie con los brazos caídos mientras yo te contemplaba desde una distancia prudente. ¿Podías olerme?. No lo sé. Solo sé que sentí la nostalgia en tus ojos de ensueño y mi boca moría de ganas por pronunciar tu nombre.
Pude ver mi cabello negro a la altura del pecho. Me cubría una túnica oscura con bordados escarlata. Avancé descalza hacia ti... presa del temor que siempre me produce estar frente a tus ojos. Porque cuando te miro ya no logro controlar mi frenesí.
Creo que estabas tan absorto en tus pensamientos, que nada ni nadie te anunció mi llegada. Me planté frente a tu esencia mientras sentía que la Luna me devoraba las espaldas. Tu mirada perpleja fue acompañada por un susurro: "Maestra", pronunció tu boca mientras avanzabas hasta donde me encontraba.
Llegaste tan cerca que tu túnica, hermosa como sangre, rozaba mis pies desnudos mientras tomaste mis antebrazos e intentaste aproximarme hacia tu rostro.
"No" dijeron mis labios y no sé cómo esas palabras llegaron ahí. Moría por ser besada. Moría cada día por tus besos arrebolados....Necia... pensé. Mientras tus dedos se deslizaban intentando dibujar mi boca en la oscuridad. Tus ojos encendidos me observaban con paciencia. Una mueca risueña se asomaba entre tus labios. "¿Por qué no, Emperatriz... si tú y yo lo deseamos?. ¿No basta con eso acaso?". "No lo sé"... respondí, encandilada por el deseo que me nublaba la razón. No lo soportaba... no podía más con ello. Impulsivamente capturé entre mis labios ansiosos, aquella boca carmesí que se abrió dulcemente como un botón en primavera. Húmeda cavidad... lenguas en éxtasis... tus brazos delicados alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia ti con la única fuerza que es capaz de moverte... la fuerza de la pasión. Mis manos torpes intentaban tocar tu piel desnuda... intentaba deshacerme de tus ropajes mientras besaba cada retazo de piel expuesta a fuerza de tirones... entretanto mis vestidos yacían ya sobre la hierba. Te reíste de mí mientras que con tan solo tirar de unos lazos, tu túnica cayó al suelo y pude contemplar en éxtasis la alba desnudez que presentaba tu cuerpo, la perfecta armonía de tus formas, aquella noche de bosque y Luna donde todo confabulaba para que estuviésemos juntos.
"Ven"... me invitaste, mientras que depositabas sobre la grama cuajada de rocío tu hábito bermejo.
Insólitamente, me estremecía... pero no de frío. Apoyé mis rodillas sobre la gruesa tela siempre de espaldas a la Luna... tomaste mi rostro entre tus manos mientras el viento hacía danzar las cabelleras... marqué tu cuerpo con besos de fuego, egoístamente... para que solo pertenecieras a mí.Esa noche... solo pude sentir tu sangre a borbotones, latiendo en mí interior.
Ahora, cuando camino... sé que tu sangre me recorre en silencio... y tú sabes que mi fuego palpitará para siempre en tu piel.

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