¿Cómo abandonarte?.
¿Cómo no atreverme?.
Siempre me has dicho que soy una guerrera cobarde... porque temo amarte. Cuántas veces me has dicho que soy una guerrera incompleta... porque tus ojos me roban el habla... porque siento pavor del amor que te guardo. Eres mil veces más débil que yo... podría robarte cien vidas con tan solo un puñal si así lo quisiera. Pero eso qué importa si en tu sutileza me has dado la lección más valiente... que no se compara con todas las batallas que he librado, con toda la sangre que he derramado, con todas las carnes traspasadas por mi tiránica espada.
La primera vez que apareciste en palacio y crucé mi mirada con ese azul inmaculado de tu pupila... te deseé con todas mis fuerzas. Nunca sentí ni por mis hijos ni por el hombre que me tocó según las leyes... esa sensación ahogante... donde todo mi cuerpo palpitaba tu nombre, ese deseo indomable de rozar tus ropas al pasar. De buscar tus errores para tener excusas y acercarme a ti. ¿Cuántas veces te humillé frente a todos... exibiendo tus fallas y recalcando lo inútil que eras?. Ya perdí la cuenta. Tú solo respondías: "Si, mi Señora" y lo volvías a hacer... siempre bien... siempre perfecto.
Siempre oculté este sentimiento... me avergonzaba... lo aplastaba... nunca podría ser un verdadero "Señor de la Guerra" si mis fibras internas vibraban al oir tu voz.
Solo deseaba ganarme tu odio... porque no podía soportar ese sentimiento que crecía en mi interior. Deseaba que me odiaras... toda mi cobardía gritaba por tu odio. Esa noche, cuando comenzaba el principio del fin y los primeros guerreros rebeldes llegaron cargando con un estandarte de tres lunas... no sé qué clase de sortilegio me atrapó... y me desvanecí como vil princesa de cuento, para aparecer en una habitación amplia, de noche, tan solo con unas cobijas oscuras para cubrirme del frío. Sabía que era la habitación de un castillo... una habitación de las plantas altas... donde los nobles acostumbraban a ocultar a sus familiares dementes. De pronto... una mirada diamantina brilló en la penumbra y reconocí esa pupila. Tu nombre se ahogó en mis labios.
Cuando asomaste hacia la débil luz que ingresaba por una de las ventanas... pude observar que tus ojos eran completamente distintos. Cargaban con una furia rutilante, tu boca torcida en una mueca de rabia. Me dijiste:"Soy tu guardián, prisionera. ¿Qué ironía, verdad?"."¿Quién autorizó esto?". Interrogué echando llamas."No estoy autorizado para responderte". Reías descaradamente."¡Llévame de inmediato con el soberano de este castillo!". Te espeté furiosa. "¡Soy la Emperatriz y exijo tu respeto, esperpento inútil!""Ni en un momento desesperado dejas de lado la soberbia, ¿verdad?. Pues lamento decirte que todos tus títulos son inválidos... así como tu autoridad y tu derecho de exigir. Ahora eres botín de guerra... eres prisionera... y tú captor hará contigo lo que desee. Yo tan solo he sido elegido para impedir que huyas""
¿Tú?... ¿impedir que yo huya?. ¡Já!... no me hagas reir... idiota"."Si lo desea así... así será... su majestad". He hiciste una reverencia burlesca y exagerada. Te sentaste en la misma silla de la cual te habías levantando para mostrarme tu presencia.
Me encaramé por las paredes y logré llegar sin dificultad hacia una ventana de barrotes oxidados. Los removí sin dificultades y me deslicé por la ventana riéndome de tu supuesta estupidez. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré con una jauría de chacales al llegar a tierra. Eran tantos y me tomaron de tal modo que despedazaron mi piel... yo avanzaba a trastabillones... emanando sangre de tantas heridas que sin más fuerzas me desplomé, moribunda y jadeante. Antes de caer unos brazos firmes me sujetaron y me elevaron por los aires hasta ingresar por la misma ventana que había huído.
Con paciencia limpiaste mi cuerpo y sanaste mis heridas. Me diste alimento en la boca... nunca antes me había sentido más humillada. Muchas veces, fingí que dormía... y pude descubrir tu mirada... y tus palabras en susurros nocturnos que fueron mi mayor asombro.
"Oh soberbia... soberana soberbia. Altanera y necia mujer. Padecerás lo que yo padecí bajo tu yugo".

2 comentarios:
Hola
me llamó la atension la imagen, no te voy a mentir, pero lo que terminó por atraparme fueron los textos, bastante interesantes a decir verdad.
te dejo mi blog para que puedas apreciar los que yo hago.
saludos.
J.
proyectoazucar.blogspot.com
Recuerdo esta anécdota... ya hace mucho me la contaste, no? n_n
Os quiero mucho...
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