sábado 1 de marzo de 2008

Wyrd




Las Voces no dejaron de susurrar aquella noche.


Desde la iglesia San Francisco resonaba la doceava campanada, todo indicaba que se cumplirían los vaticinios escritos con tu zarca sangre en el firmamento.


Yo callaba. Como nunca… el silencio tomó posesión de mi boca. Muda de terror por haber aprendido el maldito lenguaje escrito en los alcores de la Luna. Aquella respuesta devoraba mis entrañas, cual si fuese un esbirro de papiro y tinta dispuesto a sellarme la garganta para jamás confesar los oscuros secretos guardados en aquellas profundidades. Pero ya era tarde… los dioses vikingos habían hablado, obsequiándole a la mortal la ambigua runa del destino.


¿Quién osaba entonces arrebatarme a aquel que tan bien amaba? ¡Malditos sean todos los dioses y sus absurdas patrañas bélicas! Por culpa de nefastas guerras somos los despojos del ahora. Yo cumplí, siempre acaté las órdenes. Ahora ya nada tengo… la Parca se acerca y la faja del tiempo me ciñe hasta el punto de arrancarme gritos y lamentos.


Por órdenes de Adra fuiste confinado a ser el Guardián de aquel faro perdido en los mares de Lev. La hermosa magia de Arashea permitió nuestro idilio… si no fuese por ella jamás podría haber sido tu amante sagrada hasta el fin de los tiempos. Así atravesé océanos con una cola carmesí tan solo para yacer entre tus brazos. ¡Maldita sea la bruja Adra!... maldita entre las hembras por confinarte a la soledad sabiendo que tú me amabas. Escupo mil veces en su anilo y su manto, maldigo su cetro y vejo su prole. Portadora de desgracias del tamaño de imperios. Espero que continue en su sucio claustro y jamás decida salir de allí.


¿Crees que si le pido clemencia a la Luna esto podría evitarse?. ¿Crees que ella pueda encargarse de ti, mi amado Guardián?. Los tiempos son distintos a las cicatrices de antaño y talvés aún exista algo llamado esperanza.




Ra.