
Ojos embobados frente a una pantalla centelleante. Boca trémula.
La tomo entre mis manos para evitar que crepite como un trozo de leña. Boca latente, boca palpitante... boca que anhela.
Mi húmeda lengua abre paso hacia las oscuras cavidades de unos labios en botón que me aguardan lejos.
Visto mi roja caperuza para ir al encuentro de aquel lupino pusilánime que aguarda mi llegada.
Mi lengua bífida se ha vuelto suave y esponjosa. El áspid reposa en el último chakra... esperando.
El lobo se afila los colmillos en un rincón olvidado... debe disfrazar sus lisos dientes de oveja.
Deseo acariciar a la fiera con las manos desnudas... sin los guantes de cabritilla que me regaló la abuela.
Suave pelaje... suave piel. Besos olvidados entre telarañas enmohecidas y vetustos miedos.
Me desvelo imaginando como calzará tu boca... exacta con la mía.
Rodeándome en tu abrazo y enconchándote en mi espalda por los siglos de los siglos... o hasta que tú lo desees. Mi cerebro evocando cada cosa tuya... la imaginación me juega trucos bajos... si hasta puedo olerte y reconocer tu sabor entre miles de pieles con los ojos cerrados.
Duerme... descansa en mi regazo... entonaré para ti una dulce melopea infante mientras beso tus párpados dormidos... me deslizo por tu cabello... recorro tu dorso reconociendo cada uno de tus huesos. Tu mirada glauca de bosque milenario bajo una lluvia de fuego.
Deseo que pronto dejes de ser la ilusión tras el cristal.
Deseo que tus manos calcen exactas en mi pecho.
Deseo tan solo seguir sintiendo borbotones de amor rosa.
Deseo que me ames... como no sabes hacerlo.

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