miércoles 20 de febrero de 2008

Reflejos


Esa noche aguardé fuera de Palacio por vos... hasta que el frío me obligó a buscar refugio nuevamente. Desde los ventanales de mi habitación... mantuve los ojos fijos en las laderas, expectante y silente a que apareciérais. Pasaban las horas y tu presencia no asomaba por los verdes prados. La niebla esa noche era tan densa... que con gran esfuerzo impregné mis ojos de tu esencia para poder adivinarte descendiendo por los riscos.
No llegabas. Pasaban las horas veloces y no aparecíais.
Entonces, cerré mis ojos para pensar con claridad... y de lejos me pediste que observara en el espejo.
Hermoso espejo ovalado... aquel que tantas veces me regaló tu presencia en aquella majestuosa y solitaria habitación. Me planté frente a él espectante y llena de temores. Aguardé a que las sutiles flamas de las velas me entregasen las tan ansiadas noticias de vuestro paradero. Mientras respiraba a bocanadas profundas... mi pecho de pronto quedó suspendido y mis ojos estupefactamente abiertos: Pude ver cómo huías sobre un caballo... pude observar como te perseguía él. Lo supe todo de inmediato... sabía que debía encontrarte y darte refugio en Palacio... porque él jamás sospecharía que yo podría habitar en ese asqueroso y burgués sitio sin sentirme morir.
Salí veloz del cuarto aquel... descendí rauda las escaleras de mármol y tomé una de las capas de viaje de la servidumbre. Yo misma corrí hasta las caballerizas y tomé a la hermosa Nemashtá... dorada como las arenas del desierto. Juntas cabalgamos al trueno... hasta llegar al bosque y encontrarte a pasos del árbol majestuoso con una estocada en la ingle y completamente solo. Revisé los parajes cercanos pero no lo encontré... al parecer él te había dado por muerto. Acerqué mi rostro y pude comprobar que aún respirábais. Era muy débil pero aún estábais vivo. Despejé vuestro rostro de la negra cabellera y revisé aquellos ojos nocturnos para comprobar si aún dilataba la pupila. Con esfuerzos logré colocaros sobre la montura y escapé a palacio mientras la lluvia nos mojaba hasta las entrañas.
Esa noche la fiebre hacía arder vuestra frente... la mujer del cabello rojo me decía que mientras eso fuese así... teníais esperanza de salvaros. La mujer preparaba su mezcla de hierbas mientras yo intentaba mantener a raya vuestra fiebre con paños fríos embebidos en nieve.
Fueron varias noches en vigilia... donde la pelirroja aplicó pacientemente su menjunje de hierbas, limpió la herida, me pidió que cantara para vos melodías que os trajesen bellos recuerdos en mejores días... y finalmente cosió la llaga.
Despertaste esa misma tarde... yo rendida reposaba mi torso sobre el lecho, mientras que el resto de mí yacía sobre cálida madera caoba. Tocaste mi mano y lo primero que veo al levantar el rostro son tus ojos oscuros deviolviéndome una sonrisa arrebolada. Acto siguiente; observo hacia mi derecha buscando a la mujer del pelo rojo porque deseo agradecerle... pero no la encuentro. Solo percibo nuestra imagen reflejada en el espejo... vos sentado sobre el lecho con los lisos y oscuros cabellos cayendo a la altura del pecho. Yo sentada en el suelo e inclinada sobre vos... con ancha trenza castaña abrazando mi espalda y familiares ojos zarcos clavándome la urgente pupila, desentrañando el misterio que habita al otro lado del espejo... vos buscándote en mi... y yo recorriéndome en vos.