
Iba ensimismada en mis pensamientos más profundos... manos entrelazadas... cabeza gacha contemplando mis pasos. La túnica modesta y enlutada barría con el verde follaje, húmedo de rocío brumoso. El templo yacía a mis espaldas... el maestro aguardaba pacientemente a los forasteros que gustaban de conocer un poco más sobre nuestra cultura y enseñanzas. Yo no gustaba de ellos... toda su contaminación me asqueaba. Cada vez que venían el maestro sabía que yo prefería retirarme a la soledad de los bosques... y él siempre generoso me lo permitía.
No sé cómo mis pasos llegaron de vuelta al templo. Caminé entre la floresta milenaria, mojé mis manos en las cristalinas aguas del río... me permití el placer de enterrar la nariz en la humedad de la tierra y respirar... henchida de gozo. Incluso el viento me tomó de la cintura y danzamos juntos las melodías de la floresta... no sé cómo abruptamente llegué a las puertas del templo... y pude verte.
"Shiotzu... él es Luán" Dijo el maestro apenas vio aproximarme.
Me incliné como siempre. Hiciste lo propio.
"Luán... Shiotzu le mostrará su lugar de descanso. Shiotzu, guíe a nuestro nuevo aprendiz, por favor"En silencio guié al joven por los pasillos infinitos hasta el único refugio que había disponible. Quisiste hablarme pero fugazmente huí de tus palabras... necesitaba dialogar con el maestro.
"¿Por qué él, maestro?. Es occidental y tiene mucha edad para ingresar al templo"
"Debe ser más joven que usted.. mi querida discípula. Tiene un don que debe ser escuchado... y yo no cierro las puertas de nuestro templo al que está deseoso y ávido de aprender" - Me respondió sabiamente.
"¡Pero es de occidente!" - Espeté otra vez.
"¿Y cree usted que por ser de occidente es nefasto?. Le recuerdo que usted es hembra y no la considero nefasta para nuestro templo. Haga memoria mi querida discípula... y recuerde el trato que recibió la primera vez que puso sus pies en este sitio. Las reacciones de todos los varones al saber que yo había permitido el ingreso a una mujer. Según ellos las mujeres no pueden aprender el arte de la guerra, del silencio, y de viajar en la grupa del viento. Usted en todos estos años ha sabido demostrar lo contrario y eso me enorgullece... mi venerable Shiotzu. Sea humilde y aplique lo aprendido a través de los años con este joven recién llegado"
Comprendí que el maestro tenía toda la razón del mundo. Cuando yo llegué al lugar estaba aterrorizada y solo mi deseo de aprender las artes me hizo lo suficientemente fuerte para no huir hasta lo que había sido mi hogar. Corrí hacia las cocinas y preparé un té para el recién llegado. Me acerqué con bandeja en mano hasta su refugio... lo vi guardando algunos objetos personales.
"Por favor reciba este té como una bienvenida" - Dije con los ojos en el suelo. - "Cuando llegué a este templo no fui bienvenida en un principio y me sentí muy sola. Espero ser buena compañía para usted".
Una sonrisa iluminó tu rostro. Sonreí... a la par contigo.

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