
- ¿Por qué él y no otro, señorita? -
- ¿Por qué otro y no él?...
No lo sé, Lu. Carga con el delirio, con la prosa perturbada y cuajada de morbo. Jamás habrá paz a su lado, jamás calma. Serán eternos altos y bajos... noches en vela impregnada de temores y bocas coloreadas en carmín ponzoñozo. Un lecho de quimeras... amor en púrpura... cabalgatas en carne y sangre... sudor carmesí. Me pregunto de qué color lucirán sus ojos cuando se abandona. -
- ¿Nunca lo ha amado usted? -
- No. Temo volverme adicta, sé que todo en él es como una droga. Si no lo pruebo, jamás seré dependiente.
- No lo creo, señorita. Creo que si jamás se entrega, jamás sabrá de lo que se pierde -
- ¿Y no es mejor así, Lu? - El sonríe socarronamente... acababa de descubrir que aquella señorita estaba enamorada de un loco, pero ella era lo suficientemente cuerda como para no permitírselo. Quiso jugarle una broma.
- Usted teme entregarse, porque siente vergüenza que él sea un guardián del faro -
- Estás loco, guerrero azul. Jamás sentiría vergüenza de algo así, al contrario, hay que ser un gran valiente para ser un guardían del faro. Además... él recibió entrenamiento secreto de una dragón.
- Es cierto... la señora Ardat jamás permitiría esa clase de entrenamiento en un vasallo. Aún así ganó con honores la insignia del lobo en su pecho. Llegó a desafiar y ahora orgulloso carga con lo que alguna vez le perteneció a otro -
- Tú no comprendes, él está carcomido por el vicio, el ego. Él es totalmente lo que yo deseo, pero no lo que necesito. Ya basta, guerrero azul, deseo dejar esta conversación hasta acá por esta noche. -
- Como diga usted, señorita. Será hasta cuando usted me solicite. Buena noche. -

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