domingo 30 de marzo de 2008

Volcán de Ira


A quién podría importarle tus silencios de sepulcro, tu mirada vacua esperando nada, tus desaires cuando pasas altivo por mi lado... como restregándome con visible placer que la corona ya no descansa sobre mi cabeza. No sabes... no imaginas siquiera cómo descanso de toda esa porquería, nunca he sido hembra que encaje en cortes o en protocolos, menos aún dentro de espacios patriarcales donde debo sentarme a observar, hermética y sumisa, sus eternas disputas por el poder absoluto. ¡Necios!

Decidí finalizar mi entrenamiento, partiendo a los rincones oscuros tan solo con un escudero como elección. No era necesario que lo hiciese, nada ni nadie lo exigía como requisito, sin embargo para mí era importante finalizarlo. Querías que te eligiese... pero no, no me apetecía ya que fueses como una maldita chaperona a cuidarme las faldas, o mejor dicho, que fueses tú el único que se enredase en mis vestidos.


¿Duele acaso ser deliberadamente cambiado por un soldado de plata?


Me pregunto que harás con todo tu porte, tu clase y tu ego... señor de las aguas escarlatas.


Yo te diré qué harás: Guárdalas dentro de un volcán... a que no adivinas qué sucederá.

viernes 21 de marzo de 2008

Luna de Fuego




Mi hermana luce cabellos rojos y una mirada glauca oculta sus secretos.


Ornamenta escarlata le cubre extremidades y torso, mientras un cuerpo esculpido en leche guarda eternos silencios que se traducen a una hoja de plata.


Mi hermana camina a mi diestra mientras balancea su hacha. Su espada cimbrea elegante en su cadera izquierda.


Mi hermana la Salvaje, mi hermana la Guerrera, mi hermana... una de las tres princesas del Palacio de Invierno.




Mi hermana luce cabellos rojos y una mirada glauca oculta sus secretos. Dicen que su boca de arrebol descansa sobre labios azules, que es la favorita del señor de los mares y que un guerrero añil sigue sus pasos.


Mi hermana es conocida de muchas formas y por muchos nombres...La Catrina, la Morrigan, La Tirana y también la Luna de Fuego.

sábado 1 de marzo de 2008

Despedida




Querida:




Sabes de sobra que debemos partir, el tiempo desde hace mucho que no está a nuestro favor. Tarde o temprano debemos salir huyendo... las razones las conoces sobremanera. Pero ten fuerza, criatura... ya vendrán tiempos mejores para todos.


Tan solo deseamos que conozcas el gran aprecio que sentimos por tí. No recordamos la última vez que nos sentimos tan cómodas como contigo. Te has consagrado a ayudarnos con tal fervor, que muchas veces descuidaste tu propia persona. No podemos sentir otra cosa que admiración por vos, niña de tierras fúnebres. Orgullosas volveremos a ti cuando sea el momento indicado para ello... y si tú nos permites el regreso.


Tienes todo al alcance de tu mano, atrévete a tomarlo. Naciste para ser más y mejor... por algo te elegimos entre muchas.


Te queremos, muchacha. Desde el corazón, como tú dices siempre.




Las Novenas.

Lu...


Vuestros ojos añiles cargan tormento y desgracia

¿Por Qué os complica... doncel de miel, la falacia?

Si has amado a escondidas, hija de alcurnia escarlata donde dulces mentiras... salón de baile engalanan.

¿Con vuestra partida muere entonces el amor azucarado?

¿El amor que en esta tierra jamás he degustado?

Intercambio


El sonido vacío penetra por los ventanales cuajados de noche sin luna.

Aguardo silente... con la lengua sellada por un papiro secreto escrito con tinta de miel.

Cataclismos... caos... locura. ¿Puedes refugiarme entre tus brazos?... ¿Puedo morir sobre ti?

Estoy harta de espadas y dagas... te las cedo gustosa... ¿Aceptas?. A cambio solo pido miel y chocolate...

¿Podrás complacerme?

Respuesta de Berilio y Manganeso




Ojos embobados frente a una pantalla centelleante. Boca trémula.


La tomo entre mis manos para evitar que crepite como un trozo de leña. Boca latente, boca palpitante... boca que anhela.


Mi húmeda lengua abre paso hacia las oscuras cavidades de unos labios en botón que me aguardan lejos.


Visto mi roja caperuza para ir al encuentro de aquel lupino pusilánime que aguarda mi llegada.


Mi lengua bífida se ha vuelto suave y esponjosa. El áspid reposa en el último chakra... esperando.


El lobo se afila los colmillos en un rincón olvidado... debe disfrazar sus lisos dientes de oveja.


Deseo acariciar a la fiera con las manos desnudas... sin los guantes de cabritilla que me regaló la abuela.


Suave pelaje... suave piel. Besos olvidados entre telarañas enmohecidas y vetustos miedos.


Me desvelo imaginando como calzará tu boca... exacta con la mía.


Rodeándome en tu abrazo y enconchándote en mi espalda por los siglos de los siglos... o hasta que tú lo desees. Mi cerebro evocando cada cosa tuya... la imaginación me juega trucos bajos... si hasta puedo olerte y reconocer tu sabor entre miles de pieles con los ojos cerrados.


Duerme... descansa en mi regazo... entonaré para ti una dulce melopea infante mientras beso tus párpados dormidos... me deslizo por tu cabello... recorro tu dorso reconociendo cada uno de tus huesos. Tu mirada glauca de bosque milenario bajo una lluvia de fuego.




Deseo que pronto dejes de ser la ilusión tras el cristal.


Deseo que tus manos calcen exactas en mi pecho.


Deseo tan solo seguir sintiendo borbotones de amor rosa.


Deseo que me ames... como no sabes hacerlo.

Wyrd




Las Voces no dejaron de susurrar aquella noche.


Desde la iglesia San Francisco resonaba la doceava campanada, todo indicaba que se cumplirían los vaticinios escritos con tu zarca sangre en el firmamento.


Yo callaba. Como nunca… el silencio tomó posesión de mi boca. Muda de terror por haber aprendido el maldito lenguaje escrito en los alcores de la Luna. Aquella respuesta devoraba mis entrañas, cual si fuese un esbirro de papiro y tinta dispuesto a sellarme la garganta para jamás confesar los oscuros secretos guardados en aquellas profundidades. Pero ya era tarde… los dioses vikingos habían hablado, obsequiándole a la mortal la ambigua runa del destino.


¿Quién osaba entonces arrebatarme a aquel que tan bien amaba? ¡Malditos sean todos los dioses y sus absurdas patrañas bélicas! Por culpa de nefastas guerras somos los despojos del ahora. Yo cumplí, siempre acaté las órdenes. Ahora ya nada tengo… la Parca se acerca y la faja del tiempo me ciñe hasta el punto de arrancarme gritos y lamentos.


Por órdenes de Adra fuiste confinado a ser el Guardián de aquel faro perdido en los mares de Lev. La hermosa magia de Arashea permitió nuestro idilio… si no fuese por ella jamás podría haber sido tu amante sagrada hasta el fin de los tiempos. Así atravesé océanos con una cola carmesí tan solo para yacer entre tus brazos. ¡Maldita sea la bruja Adra!... maldita entre las hembras por confinarte a la soledad sabiendo que tú me amabas. Escupo mil veces en su anilo y su manto, maldigo su cetro y vejo su prole. Portadora de desgracias del tamaño de imperios. Espero que continue en su sucio claustro y jamás decida salir de allí.


¿Crees que si le pido clemencia a la Luna esto podría evitarse?. ¿Crees que ella pueda encargarse de ti, mi amado Guardián?. Los tiempos son distintos a las cicatrices de antaño y talvés aún exista algo llamado esperanza.




Ra.

Carta a Xandreia




Ya despierta de ese letargo absurdo, niña estúpida. ¿Quién te crees que eres... una dulce mocita azul que llora sus nostalgias en un vasto balcón de amplios ventanales y pilares marfílicos?. No me ofendas, ¡Maldita sea!, no ofendas a nuestra Saga, a nuestro Concilio con tus absurdos arrebatos de alcohol y drogas, intentando llamar la atención como una cría, como una mocosa imbécil.


Sé dónde estás, Xandreia, sé dónde habitas e iré a buscarte de los mismos cabellos y te golpearé hasta que tu odio por mí se haga insoportable. Cuando mis puños se incrusten en tu rostro y te rompan los huesos, sabrás realmente lo que es el dolor… no este llanto absurdo de princesa añeja que opaca tu visión y te tiene sumergida en este autolamento, en esta lástima tan patética que ya no eres capaz de arrastrar tus pies para desplazarte.


¡Maldita ebria, maldita adicta luctuosa!… estás tan embrutecida por toda esa porquería, tan sumergida, que careces por completo de voluntad. A diferencia de las novenas, vos no necesitais corona para ser el instrumento, la marioneta de un malnacido, vos sois la marioneta de tus miedos, tus ansiedades, tus vergüenzas, tan viejas como el cielo que ahora os cubre.


¿Pensais que te juzgo, criatura absurda?. Lo hecho, hecho está… si sucedió es porque tuvo que ser así y ya sal de una maldita vez de ese sopor insulso, que tan solo refleja que aún eres débil… recuerda que débil es sinónimo de muerte, ¿O es que acaso deseais morir?. Si es así corre a los brazos de tu amado padre y pedidle que te transforme en una maldita joya. ¿Eso deseas, ser una maldita joya, una maldita perla y dormir el sueño reparador, el descanso de los inmortales?. ¿Quién te crees para pensar que mereces algo así, muchachita ególatra?. ¡Ya levántate y pelea!, por favor siente lástima de mí y muéstrame que todo lo que te he enseñado, todo lo que invertí en tu entrenamiento no es un saco lleno de mierda, este despojo nauseabundo que observo… si no la gloriosa amazona que logró vencerme en batalla alguna vez.


Estoy furiosa contigo, Xandreia, sentirás mi furia como jamás siquiera podrías imaginarlo.




Am.

The Lady




"La Señora" es la soberana de todo un feudo.


Sus dominios abarcan todo aquello que descansa en el horizonte.


Sus pupilas dormidas evocan recuerdos añejos… recuerdos de cuando su carne era nueva y caminaba por aquellos bosques recogiendo las hierbas escogidas por las sacerdotisas del templo de Oriente. Su capuz rojo despertaba la atención de las criaturas medianas, todas las nereidas deseaban un capuz igual… porque la muchacha lucía oculta, misteriosa y lejana… como si su mundo comenzase y acabase en la punta de sus botas de cabritilla, y por donde sus pies pisaran, aquello se convertiría en la fusión de dos mundos por tan solo un par de segundos, y ese trozo de tierra recordaría para siempre el peso suave y la mirada lánguida de la muchacha silenciosa.


A cada paso que daba, sonaba el cascabel azabache que colgaba del listón negro atado a su cuello. Un obsequio callado del lobo ermitaño que habitaba las cavernas de Err... la bestia ermita que aguardaba horas sentada en los montes para tan solo oir el suave tintineo y olisquear en la lejanía. Relamiendo sus comisuras mientras sus pupilas febriles deseaban a la muchacha del capuz escarlata.

Muerte



Silencios color púrpura... ojos sin vida... observabas mis rincones con aquella mirada vitrificada, tan expresiva como un par de botones.

Espejos... espacios... susurros. ¡Ya calla!... No soporto esta presión en mis sienes. Deja ya de tocar el violín... guarécete bajo los párpados de la Parca... deja en paz mi armadura, no vuelvas a tocarla. De un modo u otro conocerás el filo de mi espada, lupino sarnoso y pendenciero.

Compraré tu libertad para volver a encerrarte en ese asqueroso faro. Volveré a ser tu ramera favorita aunque la bruja escarlata te visite a diario. Estoy cansada de las comisuras de tu boca, de los vestigios ambarinos bajo tus ojos, de tu mirada muerta, de tus manos frígidas, de tu cerebro escarchado.

Déjame en paz, no me sigas... aún debo buscar el sitio en dónde dejarte morir.

Cascabel de Sierpe


Si tú deseas ser el listón negro de mi cuello que soporte un cascabel azabache azulado… dime: ¿Quién es el cascabel?

Cascabel… puedo ser un cascabel pero jamás de color azulado. Podrás reconocer el cascabel en mi cola cuando desee insertar mi dulce ponzoña dentro de ti… cuando quedes seducido por lo suave de mi lengua bífida… por la dulce cadencia de mis caderas invocando tu nombre… Iscar… Iscar… y tus ojos glaucos se confundan con aquella milenaria lluvia escarlata que habita en las profundidades… en las costuras más remotas de tus hilos de fuego.

¿Qué os ha sucedido, mi bien amado, que siento esta terrible presión sobre mi pecho?

Leyendas Paganas


Desde la tierra del oso y del águila…
Donde las leyendas caminan descalzas.
Estrella silente, que sangras callada…
Tus grietas de fuego vierten llamaradas.

Coro

Señoras del silencio…
Infantes saboreando el miedo.
Soldado añil…
Fiel hasta el fin.


Desde la tierra del fuego y espadas…
Donde los bosques te cubren la espalda.
Bóveda nocturna… ¿Qué historia te callas?,
Tatuada en las lomas de la musa grana.

Coro

Puñales, sables y mazas
La herrera guarda en su cabaña.
A fuego intenso
Funde el acero.


Inmersa en los mares dormita una dama…
Un sueño sin tiempo depura sus llagas.
Sus brunos cabellos bullen con las aguas,
Los ojos sellados por sal y por magia.

Coro
Burdeles fueron refugio…
Atenta, aprende artilugios.
Cálido incesto…
De amor dispuesto.

Los árboles danzan cuando viene el viento,
Susurran misterios de color argento.
En sus blancas manos anida una fusta,
El doncel suplica caricias injustas.

Coro

La dama cargando el cirio…
La niebla, su perpetuo abrigo.
Cuna de tul…
Princesa azul.


Señora del rio, reina de las aguas…
Forja sus dagas con gracia plateada.
Ofrece a los astros las palmas de Ana
Y en ellas escribe el secreto escarlata.


Coro

Señores de lo eterno…
Monarcas, cuiden sus reinos.
De la ambición…
Sello del dragón.


Guerrera distante, fuego en la mirada…
Vas pisando tierras de sangre plagada.
Corona sin reino, coraza granata,
Memorias perdidas por una esperanza.

Coro

Recuerdos despojados…
De ira los ojos cuajados.
Su perdición…
Vuestra maldición.


En ancestral lengua narran las ancianas
Leyendas perpetuas de vestales castas.
Envueltas en sombras custodian la flama,
La alquimia guardada bajo la fachada.

Coro

Bermejas tierras de Arkantia…
La inmolación libera a Lycanthia.
Gema y coral…
Regresarán.