
A quién podría importarle tus silencios de sepulcro, tu mirada vacua esperando nada, tus desaires cuando pasas altivo por mi lado... como restregándome con visible placer que la corona ya no descansa sobre mi cabeza. No sabes... no imaginas siquiera cómo descanso de toda esa porquería, nunca he sido hembra que encaje en cortes o en protocolos, menos aún dentro de espacios patriarcales donde debo sentarme a observar, hermética y sumisa, sus eternas disputas por el poder absoluto. ¡Necios!
Decidí finalizar mi entrenamiento, partiendo a los rincones oscuros tan solo con un escudero como elección. No era necesario que lo hiciese, nada ni nadie lo exigía como requisito, sin embargo para mí era importante finalizarlo. Querías que te eligiese... pero no, no me apetecía ya que fueses como una maldita chaperona a cuidarme las faldas, o mejor dicho, que fueses tú el único que se enredase en mis vestidos.
¿Duele acaso ser deliberadamente cambiado por un soldado de plata?
Me pregunto que harás con todo tu porte, tu clase y tu ego... señor de las aguas escarlatas.
Yo te diré qué harás: Guárdalas dentro de un volcán... a que no adivinas qué sucederá.











